Por la maravillosa Irene Gruss, que me acercó Jorge Aulicino.
Pompas de jabón
Consecuente ella empezó a lavar su ropa
Puso agua en un balde
y agitó el jabón, con un sentimiento ambiguo:
era un olor nuevo y una nueva certeza
para contar el mundo.
"Mirar como se rompen las burbujas, dijo,
no es más extraño que mirarse a un espejo"
Creía que hablaba para sus papeles
y se río, mientras tocaba el agua.
La ropa se sumergía despacio,
y la tocaba despacio, a medida que iba
conociendo el juego.
Decidida,
tomó cada burbuja de jabón
y le puso un nombre era
lo mejor que sabía hacer hasta ahora,
nombrar, y que las cosas
le estallaran en la mano.
Consecuente ella empezó a lavar su ropa
Puso agua en un balde
y agitó el jabón, con un sentimiento ambiguo:
era un olor nuevo y una nueva certeza
para contar el mundo.
"Mirar como se rompen las burbujas, dijo,
no es más extraño que mirarse a un espejo"
Creía que hablaba para sus papeles
y se río, mientras tocaba el agua.
La ropa se sumergía despacio,
y la tocaba despacio, a medida que iba
conociendo el juego.
Decidida,
tomó cada burbuja de jabón
y le puso un nombre era
lo mejor que sabía hacer hasta ahora,
nombrar, y que las cosas
le estallaran en la mano.
El crujido
Ya no la inmensidad,
La luna perdida entre las nubes asculta algo
que no es nada.
Se acabó el brillo y el fulgor se detuvo,
como un espasmo, se detuvo mi mano en el aire
que acabó con todo.
Un no más intenso que el sí
de las niñas, esas que creían
en el destino y en las mareas,
la luna perdida entre las nubes,
esas que corrían a arrancar amapolas,
con la boca succionaban el tallo
de cada cual, raspaban con los pies rocas
hasta roerlas, más que el aire y el agua,
el tiempo perdido de las niñas se acabó,
como un espasmo; ni un sólo gemido en la noche,
cruje la intensidad, se derrama.
Ya no la inmensidad,
La luna perdida entre las nubes asculta algo
que no es nada.
Se acabó el brillo y el fulgor se detuvo,
como un espasmo, se detuvo mi mano en el aire
que acabó con todo.
Un no más intenso que el sí
de las niñas, esas que creían
en el destino y en las mareas,
la luna perdida entre las nubes,
esas que corrían a arrancar amapolas,
con la boca succionaban el tallo
de cada cual, raspaban con los pies rocas
hasta roerlas, más que el aire y el agua,
el tiempo perdido de las niñas se acabó,
como un espasmo; ni un sólo gemido en la noche,
cruje la intensidad, se derrama.
